Uno de los errores más comunes —y más caros— después de un tratamiento es tratar el egreso como un "ya terminó" en vez de un "ahora empieza otra fase". El riesgo de recaída no desaparece el día que la persona sale de la clínica; en muchos sentidos, ese es el momento donde más se necesita estructura.
El egreso no es la meta. Es el punto donde el proceso se pone a prueba en la vida real.
Qué debería incluir un buen plan de egreso
Plan de vida concreto
No una intención vaga de "estar bien", sino acuerdos específicos sobre rutina, trabajo o estudio, y manejo del tiempo libre.
Acuerdos de convivencia
Límites claros y consensuados con la familia antes de la salida, no improvisados después.
Red de apoyo identificada
Personas, grupos o espacios concretos a los que acudir si aparece una señal de alerta.
Seguimiento institucional programado
Contacto estructurado a 1, 3, 6 y 12 meses después del egreso, no solo "si algo pasa, nos llamas".
Por qué el seguimiento marca la diferencia
El seguimiento post-egreso es parte del programa residencial de Casa Calera, precisamente porque sabemos que la fase de mayor riesgo de recaída ocurre en los primeros meses fuera de un entorno controlado. No es un servicio adicional: es la última fase del mismo proceso.
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